domingo, 15 de septiembre de 2013

Vargas Llosa: "Es terrible que el nacionalismo vuelva a sacar la cabeza"

El premio Nobel anima a "combatir con enorme energía" esta ideología

 


09/11/2013
periodistadigital.com

El escritor Mario Vargas Llosa ha combatido "siempre" el nacionalismo, una ideología que ha causado "millones y millones de víctimas" a lo largo de la historia, y por eso ha calificado hoy de "terrible" que en el mundo actual "el nacionalismo vuelva a sacar la cabeza".
El escritor se refirió a esta ideología al presentar este 11 de septiembre de 2013 en la madrileña Casa de América su nueva novela, 'El héroe discreto', en una rueda de prensa multitudinaria y en la que la mayoría de las preguntas se centraron en este libro con el que el autor reivindica la necesidad de tener principios y valores y de defenderlos, cueste lo que cueste.
Pero hoy es el Día de Cataluña y hubo alguna pregunta relacionada con la Diada y con la ideología nacionalista de una parte significativa de los catalanes.
Vargas Llosa contó con excelente humor que su editora, Pilar Reyes, y su mujer, Patricia Llosa, presentes ambas en el acto, le habían "prohibido" hablar de otra cosa que no fuera del libro. "Hoy toca literatura", le habían dicho.
Como a su mujer le tiene "mucho cariño pero también mucho miedo", Vargas Llosa trató de dar "una respuesta literaria" a la pregunta de los nacionalismos. El escritor cree que el mundo vive "una situación fascinante, que es la de la globalización", con "el lento desvanecimiento de las fronteras, la integración de distintas culturas, tradiciones y religiones".
Pero la globalización provoca "reacciones negativas", que tienen que ver con un fenómeno que describió "maravillosamente" el filósofo Karl Popper, que es el del "llamado de la tribu".
Una historia que se repite
"Salir de la tribu es el comienzo del progreso, de la civilización". El individuo que se aparta de la tribu "adquiere independencia, soberanía" y, gracias a eso, se favorece "la democracia, los derechos humanos", opinó Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura.
Pero "el llamado de la tribu nunca desaparece" y, en ciertas circunstancias difíciles, "es muy fuerte".
El nacionalismo "es el regreso a la tribu del que hablaba Karl Popper, esa abdicación de la responsabilidad, de la obligación de tener que vivir uno su propia vida y decidir en función de sus propias convicciones", agregó el autor de 'La fiesta del Chivo'.
Por eso, este gran novelista considera "terrible" que en un mundo civilizado como el del último siglo, "y a veces en lugares tan avanzados y de tanto progreso, el nacionalismo vuelva a sacar la cabeza".
"Ocurrió en Alemania, uno de los países más civilizados del mundo, y ha ocurrido en buena parte de la historia de Japón, otro de los países más civilizados", señaló.
El nacionalismo "es una carga de la que es muy difícil librarse", pero que hay que "combatir con enorme energía" si se quiere que haya civilización, concluyó el escritor.

Democracia y derecho a decidir

Javier Cercas
Palos de ciego
13/09/2013 
elpais.com



Es posible que en los últimos tiempos estemos viviendo en Cataluña una suerte de totalitarismo soft; o, por usar de nuevo el término de Pierre Vilar, una suerte de “unanimismo”: la ilusión de unanimidad creada por el temor a expresar la disidencia. El instrumento de esta concordia ficticia no es la violencia, sino el llamado derecho a decidir: quien está en favor del derecho a decidir no es sólo un buen catalán, sino también un auténtico demócrata; quien está en contra no es sólo un mal catalán, sino también un antidemócrata. Así las cosas, es natural que, salvo quienes sacan un rédito de ello, en Cataluña casi nadie se atreva a dudar en público de un derecho fantasmal que no ha sido argumentado, hasta donde alcanzo, por ningún teórico, ni reconocido en ningún ordenamiento jurídico; también es natural que nadie se resuelva a decir que, aunque parezca lo contrario, no hay nada menos democrático que el derecho a decidir. O, dicho de otro modo: ahora mismo, el verdadero problema en Cataluña no es una hipotética independencia, sino el derecho a decidir.
Me explico. En democracia no existe el derecho a decidir sobre lo que uno quiere, indiscriminadamente. Yo no tengo derecho a decidir si me paro ante un semáforo en rojo o no: tengo que pararme. Yo no tengo derecho a decidir si pago impuestos o no: tengo que pagarlos. ¿Significa esto que en democracia no es posible decidir? No: significa que, aunque decidimos a menudo (en elecciones municipales, autonómicas y estatales), la democracia consiste en decidir dentro de la ley, concepto este que, en democracia, no es una broma, sino la única defensa de los débiles frente a los poderosos y la única garantía de que una minoría no se impondrá a la mayoría. Ahora bien, es evidente que, con la ley actual en la mano, los catalanes no podemos decidir por nuestra cuenta si queremos la independencia, porque la Constitución dice que la soberanía reside en el conjunto del pueblo español (cosa nada rara: salvo la de la extinta Unión Soviética, que yo sepa, ninguna constitución ha reconocido jamás el derecho de que una parte del Estado se separe por su cuenta del resto). ¿Significa esto que los catalanes no tenemos derecho a decidir sobre nuestra independencia? A mi juicio, tampoco: si una mayoría clara e inequívoca de catalanes quiere la independencia, parece más sensato concedérsela que negársela, porque es muy peligroso, y a la larga imposible, obligar a alguien a estar donde no quiere estar. La pregunta se impone: ¿existe esa mayoría? Los partidarios del derecho a decidir sostienen que precisamente para eso, para saber si existe, es indispensable un referéndum (en este asunto, las encuestas no sirven, como comprobamos en las anteriores elecciones); pero, antes de usar ese recurso excepcional e imprevisible, cualquier político honesto y prudente usaría el recurso previsto por la ley: las elecciones. Quiero decir: unas elecciones en las que todos los partidos declaren, clara e inequívocamente, su posición sobre la independencia. En las últimas, los partidos inequívocamente independentistas (ERC más CUP) sumaron 24 diputados de 135: apenas un 17%. ¿Cuántos diputados sumarían los independentistas si en unas futuras elecciones el resto de partidos dijera con claridad si quiere la independencia o no? Eso es lo que deberíamos saber antes de tomar la vía azarosa del referéndum: si hay una mayoría de partidarios de la independencia, habrá que celebrar un referéndum; si no la hay, no.

Es dudoso que vayamos a tener una respuesta a la anterior pregunta, porque CiU sabe que si defiende la independencia en unas elecciones, las perderá (y antes se habrá roto por dentro: aún no sabemos si Convergència es independentista, pero sí sabemos que Unió no lo es), así que seguirá sin decir la verdad a sus electores; en cuanto a la izquierda, todo indica que seguirá atrapada en la telaraña ideológica que le ha tejido CiU –de ahí que acepte el derecho a decidir–, cavando su propia tumba y minando la democracia. No veo otra forma de decirlo: se puede ser demócrata y estar a favor de la independencia, pero no se puede ser demócrata y estar a favor del derecho a decidir, porque el derecho a decidir no es más que una argucia conceptual, un engaño urdido por una minoría para imponer su voluntad a la mayoría.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Inacción con Cataluña .

Jaime Martínez Montero
diariodesevilla.es 

NO hace demasiado tiempo, el Consejo Asesor para la Transición (a la independencia) de Cataluña planteaba, institucionalmente, la declaración unilateral de independencia como una de las alternativas a utilizar si es que otras no funcionaban. Tras ello, el presidente de la Generalitat escribe a Rajoy pidiéndole fecha para acordar cómo y cuándo se celebra el referéndum o consulta sobre la autodeterminación de aquel territorio.

Se puede ser muy indulgente a la hora de juzgar las anteriores iniciativas. Pero hasta el más lerdo se da cuenta del cariz que están tomando las cosas y cómo en aquella tierra disimulan muy poco sus deseos de abandonar España. Mucho me temo que si una amplia mayoría de la población se quiere ir, poco podremos hacer. Pero la decantación de los habitantes de ese territorio por una u otra opción no es algo que caiga del cielo o sea de imposible inevitabilidad. Se puede hacer algo por trabajar la opción de la permanencia, del mismo modo que los independentistas están echando el resto para conseguir sus fines.

Y es que da muchísima tristeza comprobar la inacción del Gobierno ante los acontecimientos catalanes. No se hace nada, no se contrarresta nada, no se contraargumenta nada, no se contesta a nada. La propaganda es unidireccional, y parece que allí sólo hay independentistas. ¿Por qué esta falta de respuesta? ¿Por qué este pasotismo del Gobierno? Es muy difícil de entender, nos refiramos a situaciones de pasado, de presente o de futuro. Empecemos por asuntos del pasado.

Aunque el nacionalista quiere la independencia sin necesidad de grandes razones, ellos esgrimen que una de ellas es el expolio, el "robo", a que les ha sometido España. De vez en cuando dan unos datos o aparecen unos números que, según su versión, demuestran el saqueo efectuado. El instrumento utilizado para llevar a cabo el robo fue el constituido por los Presupuestos Generales del Estado. Por él, de forma prolongada en el tiempo y amplia en las cantidades, se asignaba a Cataluña menos dinero del que aportaba. Digo yo, ¿no debe contestar el Gobierno? ¿No debe aportar datos que sirvan de contraste a lo que los otros muestran? ¿Debe aceptar que el Estado es un ladrón? Desde que hay democracia, CiU ha votado a favor de los Presupuestos Generales del Estado en la mayor parte de los ejercicios. ¿Colaboraba CIU al robo de Cataluña?

Un tema muy de presente es el del referéndum o consulta, que quieren hacerla el año que viene. El tema es muy serio y tiene gravísimas repercusiones. Los nacionalistas presentan la independencia como el remedio de todos los males. Por la otra parte sólo hay silencio. ¿No sería conveniente que, sin alarmismos pero atendiendo a la realidad, se explicara lo que se pierde, el peligro que se corre, el desastre en el que podemos caer? Si los futuros votantes han de estar bien informados, ¿por qué no se les suministra información desde nuestra parte? ¿No se puede, con educación y con respeto, decir lo que todos podemos perder y las escasas ganancias que vamos a obtener? ¿No es bueno y democrático que el que le dé a su voto un sentido u otro posea el máximo de información sobre las alternativas que ha de elegir?

Y vamos con el futuro. Supongamos que hay referéndum. ¿Con qué porcentaje de participación se va a validar? ¿Qué proporción de síes a la independencia se va a exigir? ¿Se dice definitivamente adiós al modelo de democracia consociativa para pasar a la mayoritaria, en la que se pueden laminar de una forma completamente legal a todas las minorías? Y si hubiera provincias -o provincia- en las que ganara el no, ¿se quedarían en España? Pongámonos en que gane el no. ¿Cuántos años han de pasar para un nuevo referéndum? Porque no vayamos a ser tan democráticos que establezcamos unas reglas por las cuales se juega hasta que gane uno de los contendientes. Una vez hecho esto, se levanta la partida.

Más temas de futuro. Supongamos que gana el sí. ¿Nos pilla con un mínimo diseño de cómo se hacen las particiones? ¿Qué porcentaje de deuda va a asumir cada parte? O tal vez, como los hemos saqueado, el total de lo que debemos nos lo comemos nosotros. ¿Qué estatus tendrán los españoles y las empresas españolas allí? ¿Y las empresas catalanas y los catalanes aquí? ¿Cómo se reparten edificios, infraestructuras? ¿Cómo se parten cuerpos de funcionarios, policías, servicio diplomático? Ellos, los nacionalistas sí están trabajando todos estos aspectos. No se trata de que aquí actuemos como si la independencia fuera a ser mañana, pero sí de que contemos con los argumentos y con los datos que permitan contestar a sus planteamientos. ¿Alguien, de este lado, está haciendo algo?

Último tema de futuro. Ya tenemos a Cataluña independiente. ¿Se acaba ahí? Ellos hablan de los Países Catalanes. Como mínimo, el Rosellón y la Cerdaña franceses, y las Baleares y Valencia españoles. ¿Van a pretender expandirse por todos los territorios que tengan su lengua? ¿Se habrá pensado algo al respecto?